Antanas Mockus dice que no podemos sentir odio por las FARC, sino indignación. Y tiene razón, el odio engendra más violencia. ¡Y violencia, no más! La indignación, en cambio, genera la actitud moral de repudio al terrorismo, desde lo ético. Es una actitud moral. ¡No más! Es lo que queremos decir los colombianos, cansados con la violencia terrorista, que lo que produce hasta ahora son muertos, destrucción, delitos de lesa humanidad, en fin: ¡No más!
Pero después de vivir 50 años en la olla, ¿qué nos podrá librar de seguir siendo indiferentes ante el terrorismo? Propongo una campaña, no política sino espiritual, para que los colombianos en general meditemos. Aprender a meditar como los orientales, para que esa actitud moral, a la que aludimos produzca resultados en los Territorios Nacionales y en la Costa Pacífica, especialmente.
El ejercicio de meditar sobre nuestra indignación, para que esta no se torne violenta. Y por el contrario, genere una actitud ciudadana en todos los rincones del país, de rechazo al odio. Volverle la espalda a Chávez, a Fidel Castro y a los terroristas; es un alivio, para quienes creemos que el odio se difunde más rápido que la paz. Claro, la indignación puede generar paz, cuando los medios masivos vean, que la actitud de la ciudadanía no les da rating. La publicidad en los medios disminuye porque no tiene oyentes ni televidentes como antes. Hay repudio total hacia el odio. Los actores del odio andarían de capa caída. La inversión publicitaria buscará otros medios, en donde se dé la normalidad que genera en la ciudadanía una indignación ética de repudio a los actores de la violencia.
Proponemos entonces la meditación como la única arma posible por lo simple. No requiere presupuesto. Sino generar una disposición de ánimo que la haga posible. Una indignación ética limitada a rechazar sin odio. Sobre el tema de meditar, pues no es fácil entender la mentalidad de la indignación paciente, pero se puede con paciencia. Y claro, el entrenamiento a meditar con Zen ayuda mucho. El fin es lograr un dominio de nuestro interior que nos permita vivir bajo el mando de nuestro corazón, allá donde tenemos escondido nuestro amor puro, el que está siempre presente, no importa el temporal externo que nos afecte externamente, pues este no puede modificar nuestro interior, ni afectar nuestras más íntimas convicciones. Ser la persona que es a toda hora, siempre, no es un problema imposible. Lo es, claro, cuando vivimos de lo externo, sin dominio de lo interno. Ser siempre lo que es uno, fundado en el amor puro, es la idea.
A propósito, ¿por qué a los Occidentales nos cuesta tanto trabajo encontrar el amor puro? Bueno, comparo el amor puro con la divinidad. Y vale el ejemplo: Brahma, uno de los dioses de la religión hindú, estaba preocupado al principio de los tiempos, porque los hombres éramos divinos todos, pero no sabíamos utilizar la divinidad. Un día se reunió con los otros dioses y resolvieron esconderla. Brahma apareció un día con la solución del problema. Llamó a sus amigos dioses y les dijo: Ya sé dónde voy a esconderla del hombre. La voy a esconder en su interior. Y se suponía que allí no la encontrarían para que no siguieran utilizando mal la divinidad.
En Oriente nos ganan en eso. Inclusive si miramos a Buda, descubrimos que Buda no es un dios. Fue un príncipe que se voló del palacio donde vivía, para conocer el mundo y claro, a los hombres: su pobreza, su amor por sólo lo material, la enfermedad, la muerte, la maldad, en fin. Él hace su espiritualidad como un negocio en que sólo intervienen dos personas: el hombre y Dios. Nadie más. Inclusive cuando morimos nos damos cuenta que Buda tiene razón: estoy yo, muriendo, y Dios. ¡Nadie más! No está ni la Cruz Roja Internacional, ni el presidente de la república, ni Chávez, ni Fidel Castro... en fin. ¡Nadie más!
El problema en Occidente nos viene del cartesianismo, con la frase: pienso luego existo. Es una frase de una individualidad que hoy, con el calentamiento global, nos hace decir: pienso, luego existen los demás. Existimos todos. Somos iguales todos. Todos tenemos el mismo final: Dios y yo, ¡nadie más! Pero todos, fundados en la divinidad del amor puro, siempre presente. Porque Dios es así: siempre presente, siempre igual.
Ese siempre igual es el que nos propone Antanas Mockus con la indignación. Puede ser difícil, pero no imposible.
domingo, 23 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 45
Es tan largo el tema que cubre, que aparece, si queremos verlo así, en cada instante de nuestra vida. Y realmente de lo que se trata es que nos armemos contra ella. La violencia está presente en cada conciencia de cada ser humano. Solamente falta un motivo grande o baladí, para que aparezca con toda esa caterva de atrocidades, donde un descuido nos puede llevar a cargar con una pena imborrable toda la vida. ¿Cuántos humanos tienen un muerto encima? No es mi caso, (soy un viejo octogenario inofensivo), pero considero a los que andan con ese lastre. Muchos de ellos, lo sé, andan arrepentidos. ¿Por qué diablos me metí en esto? La violencia no ha ganado jamás una batalla. Por el contrario, llama más violencia.
Debemos leer la historia del mundo para ver que las victorias con sangre humana, no tienen la alegría de Gandhi, cuando liberó a la India del colonialismo inglés, sin disparar un tiro. Ni la de Nelson Mandela, cuando acabó con el apartheid, y formó la república Sudafricana, que en el Campeonato Mundial de Fútbol del 2010, va a poner su nombre en la mente de todo el mundo. Nada de esto se hizo con violencia.
Lo que hizo Jesús fue distinto. Fue asimilar la violencia que se hizo contra Él, y transformarla, para darle la paz al mundo. Por eso todos los que viven con Él, están en paz. Es más, aman a sus enemigos.
Bueno, esta tendencia a la violencia, que tenemos todos los humanos, sin excepción, solamente hay una forma de maniatarla; o bueno, una de las formas, porque sé que cada ser humano se puede inventar la manera de matar pulgas. Que aunque es un acto violento, no lo es, porque se trata de matar la violencia. De no creer en ella. De saber, como vimos, que no arregla nada, que lo complica todo, y que lo único que queda de ella es un muerto encima toda la vida. Jartísimo. Pero también, en vez de muerto, puede ser un matrimonio, una trompada, una zancadilla, un acto de mal gusto, y toda esa biblioteca de agresiones más grande que la Biblioteca Nacional, o ahora, la Virgilio Barco.
A mí me ha servido la meditación para librarme de la violencia. Algo que encuentra difícil todo el mundo, (sobre todo las mujeres). Es que lo sencillo es dificilísimo. Sumar uno más uno igual a dos, en esta materia, es complicadísimo. ¿Qué tal? Estarse quieto, respirar profundo, cerrar los ojos y adentrarse en ese mundo insondable de la inconsciencia, que sólo requiere una sílaba, que a los intelectuales les parece un bodrio: fe. Esa sílaba, es el único instrumento mental que nos puede llevar a donde está Él, sólo para preguntarle cómo estamos.
Generalmente, Él, se hace el desentendido, pero cuando le hablamos de sentimientos, se pone las pilas, se derrite. Él sabe que ahí está el secreto: sentir felicidad, sin odios. No es más. Manejar los sentimientos negativos y los positivos. Transformarlos, darles sentido, y ponerlos a actuar como nos lo enseñó un ser que anda por el mundo clavado en la cruz. ¡Qué cosa! ¡Los humanos somos un caso!
Debemos leer la historia del mundo para ver que las victorias con sangre humana, no tienen la alegría de Gandhi, cuando liberó a la India del colonialismo inglés, sin disparar un tiro. Ni la de Nelson Mandela, cuando acabó con el apartheid, y formó la república Sudafricana, que en el Campeonato Mundial de Fútbol del 2010, va a poner su nombre en la mente de todo el mundo. Nada de esto se hizo con violencia.
Lo que hizo Jesús fue distinto. Fue asimilar la violencia que se hizo contra Él, y transformarla, para darle la paz al mundo. Por eso todos los que viven con Él, están en paz. Es más, aman a sus enemigos.
Bueno, esta tendencia a la violencia, que tenemos todos los humanos, sin excepción, solamente hay una forma de maniatarla; o bueno, una de las formas, porque sé que cada ser humano se puede inventar la manera de matar pulgas. Que aunque es un acto violento, no lo es, porque se trata de matar la violencia. De no creer en ella. De saber, como vimos, que no arregla nada, que lo complica todo, y que lo único que queda de ella es un muerto encima toda la vida. Jartísimo. Pero también, en vez de muerto, puede ser un matrimonio, una trompada, una zancadilla, un acto de mal gusto, y toda esa biblioteca de agresiones más grande que la Biblioteca Nacional, o ahora, la Virgilio Barco.
A mí me ha servido la meditación para librarme de la violencia. Algo que encuentra difícil todo el mundo, (sobre todo las mujeres). Es que lo sencillo es dificilísimo. Sumar uno más uno igual a dos, en esta materia, es complicadísimo. ¿Qué tal? Estarse quieto, respirar profundo, cerrar los ojos y adentrarse en ese mundo insondable de la inconsciencia, que sólo requiere una sílaba, que a los intelectuales les parece un bodrio: fe. Esa sílaba, es el único instrumento mental que nos puede llevar a donde está Él, sólo para preguntarle cómo estamos.
Generalmente, Él, se hace el desentendido, pero cuando le hablamos de sentimientos, se pone las pilas, se derrite. Él sabe que ahí está el secreto: sentir felicidad, sin odios. No es más. Manejar los sentimientos negativos y los positivos. Transformarlos, darles sentido, y ponerlos a actuar como nos lo enseñó un ser que anda por el mundo clavado en la cruz. ¡Qué cosa! ¡Los humanos somos un caso!
domingo, 16 de mayo de 2010
ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 44
Afganistán y Colombia tienen problemas semejantes, como talibanes allá y guerrilla aquí, el mayor productor de opio allá, y el mayor productor de coca aquí. En lo único que somos bien diferentes es con relación a las mujeres. La violencia del hombre allá, tiene a las mujeres como animales inferiores, en peor estado que los animales racionales. Y el mundo pasa como un ser indiferente, amoral, insensible, siempre bajo la lógica cartesiana del individualismo, el que hace que los egos del mundo desarrollado, se crean más que los demás, y lo que pase con ellos no importa. Me pregunto: ¿Puede el mundo soportar esta injusticia?
Es que hubo un error, porque todo el mundo pensó que tras el derrocamiento del régimen talibán, las mujeres afganas se liberarían por fin de la burka y podrían llevar una vida normal y en libertad. Pero las cosas no cambiaron, lo que sucedió en realidad fue que se cambió un régimen fundamentalista por otro: la Alianza del norte, tan brutales y misóginos como los talibanes.
Las mujeres afganas continúan viviendo sin derechos en un país que, a ojos de la comunidad internacional, cuenta con un gobierno dizque ‘democrático’. La Alianza del norte y los talibanes tienen la misma mentalidad. Siguen las violaciones de mujeres, los arrestos y los asesinatos. El 60% de los matrimonios afganos son arreglados. Muchas mujeres optan por el suicidio, auto inmolándose, para escapar al infierno de sus vidas. Ellas no pueden escoger marido, desde niñas de menos de 10 años son casadas. (Ver foto Noyud arriba)
Las mujeres son quemadas por el hombre. Hay retratos espeluznantes al respecto conocidas en Occidente. Bueno, algunas se auto inmolaron; a otras sus maridos las intentaron quemar vivas, por… contradecirlos. Las mujeres no pueden estudiar ni trabajar. No pueden salir solas a la calle ni hacer ruido al caminar. No pueden ser tratadas por doctores masculinos, no pueden asomarse a sus ventanas, no pueden usar tacones altos. Deben usar obligatoriamente la burka, especie de sudario portátil, que las cubre de la cabeza a los pies y que les dificulta la respiración. Tienen prohibido usar pantalones acampanados, aunque sea debajo de la burka. Prohibido usar colores vistosos en su vestimenta. Prohibido tomarse fotos. Prohibido escuchar música y ver televisión. Las mujeres sorprendidas en adulterio son lapidadas vivas. Estas son sólo algunas de las reglas del gobierno fundamentalista para las mujeres. Para los hombres también hay reglas, pero no son tantas ni tan estrictas.
En Afganistán no hay bancos ni medios de comunicación modernos. El país está casi totalmente en ruinas. De los árboles cuelgan televisores destrozados y cintas de video, como evidencia de la “derrota del pecado”. Todos los viernes se celebran ejecuciones y mutilaciones públicas en estadios deportivos, a las cuales están obligados a asistir los niños. El 80% de la población padece de trastornos mentales. Miles de niños de 9 a 12 años trabajan 12 horas al día en fábricas, para ayudar a sobrevivir a sus familias. Las mujeres viudas y que han perdido a sus familiares hombres en la guerra, se mueren de hambre, pues no les es permitido trabajar, ni salir solas. Algunas se aventuran a salir a mendigar, pero con el riesgo de ser apaleadas y hasta asesinadas.
Las mujeres afganas no se parecen en nada a las del resto del mundo. Salir con una de mis hijas a compras es desesperante… Entra a todos los almacenes, demora horas en decidirse. “No, papi, es que el color de este pintalabios no me gustas”. Y lo ha mirado y escogido en dos o tres almacenes. En fin… ¿No es motivo suficiente para agradecer a Dios cada día, por nuestra libertad y tantas cosas más?
Claro que hay movimientos en Afganistán en favor de la mujer, pero no se ve que tengan ningún éxito. Entonces la pregunta es: ¿Tiene el hombre derechos sobre los seres humanos, que les permita legalmente, éticamente, suprimir los derechos de las mujeres? Sencillamente ¡no! Conociendo al Creador la vida es sagrada. El único que tiene derechos al respecto es Él. Y Él es amor y compasión. Hace la vida para vivirla creciendo y creando, con plenos derechos para que cumpla su misión en la tierra y desarrollando los dones originales que Él le dio.
Es que hubo un error, porque todo el mundo pensó que tras el derrocamiento del régimen talibán, las mujeres afganas se liberarían por fin de la burka y podrían llevar una vida normal y en libertad. Pero las cosas no cambiaron, lo que sucedió en realidad fue que se cambió un régimen fundamentalista por otro: la Alianza del norte, tan brutales y misóginos como los talibanes.
Las mujeres afganas continúan viviendo sin derechos en un país que, a ojos de la comunidad internacional, cuenta con un gobierno dizque ‘democrático’. La Alianza del norte y los talibanes tienen la misma mentalidad. Siguen las violaciones de mujeres, los arrestos y los asesinatos. El 60% de los matrimonios afganos son arreglados. Muchas mujeres optan por el suicidio, auto inmolándose, para escapar al infierno de sus vidas. Ellas no pueden escoger marido, desde niñas de menos de 10 años son casadas. (Ver foto Noyud arriba)
Las mujeres son quemadas por el hombre. Hay retratos espeluznantes al respecto conocidas en Occidente. Bueno, algunas se auto inmolaron; a otras sus maridos las intentaron quemar vivas, por… contradecirlos. Las mujeres no pueden estudiar ni trabajar. No pueden salir solas a la calle ni hacer ruido al caminar. No pueden ser tratadas por doctores masculinos, no pueden asomarse a sus ventanas, no pueden usar tacones altos. Deben usar obligatoriamente la burka, especie de sudario portátil, que las cubre de la cabeza a los pies y que les dificulta la respiración. Tienen prohibido usar pantalones acampanados, aunque sea debajo de la burka. Prohibido usar colores vistosos en su vestimenta. Prohibido tomarse fotos. Prohibido escuchar música y ver televisión. Las mujeres sorprendidas en adulterio son lapidadas vivas. Estas son sólo algunas de las reglas del gobierno fundamentalista para las mujeres. Para los hombres también hay reglas, pero no son tantas ni tan estrictas.
En Afganistán no hay bancos ni medios de comunicación modernos. El país está casi totalmente en ruinas. De los árboles cuelgan televisores destrozados y cintas de video, como evidencia de la “derrota del pecado”. Todos los viernes se celebran ejecuciones y mutilaciones públicas en estadios deportivos, a las cuales están obligados a asistir los niños. El 80% de la población padece de trastornos mentales. Miles de niños de 9 a 12 años trabajan 12 horas al día en fábricas, para ayudar a sobrevivir a sus familias. Las mujeres viudas y que han perdido a sus familiares hombres en la guerra, se mueren de hambre, pues no les es permitido trabajar, ni salir solas. Algunas se aventuran a salir a mendigar, pero con el riesgo de ser apaleadas y hasta asesinadas.
Las mujeres afganas no se parecen en nada a las del resto del mundo. Salir con una de mis hijas a compras es desesperante… Entra a todos los almacenes, demora horas en decidirse. “No, papi, es que el color de este pintalabios no me gustas”. Y lo ha mirado y escogido en dos o tres almacenes. En fin… ¿No es motivo suficiente para agradecer a Dios cada día, por nuestra libertad y tantas cosas más?
Claro que hay movimientos en Afganistán en favor de la mujer, pero no se ve que tengan ningún éxito. Entonces la pregunta es: ¿Tiene el hombre derechos sobre los seres humanos, que les permita legalmente, éticamente, suprimir los derechos de las mujeres? Sencillamente ¡no! Conociendo al Creador la vida es sagrada. El único que tiene derechos al respecto es Él. Y Él es amor y compasión. Hace la vida para vivirla creciendo y creando, con plenos derechos para que cumpla su misión en la tierra y desarrollando los dones originales que Él le dio.
jueves, 13 de mayo de 2010
ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 43
La violencia es consecuencia de la conducta humana. El asesino, el secuestrador, el ladrón, el guerrillero, el paramilitar, el narco-político, el farc-político, etc., representan conductas humanas. Y ya es bueno preguntarnos si hacemos algo por esa conducta, pues con sólo abrir la historia del siglo XX, llegaríamos a comprender que tenemos unos problemas que vemos detrás de nuestras espaldas, como un pesado bulto, que nos oprime la conciencia, y esto nos produce o aburrición o jartera, y lo dejamos ahí, sin más.
La lista de actos negativos que produce esa conducta hoy, los vemos cuando abrimos el periódico. Y claro, nos preocupa un poquito, pero sólo un poquitico, mientras prendemos un cigarrillo ante los hechos criminales, y soplamos, como sacándonos la dolencia espiritual, para cambiarla, por un enfisema en el pulmón. Y lo traigo a cuento, aunque yo no fumo, ni bebo alcohol. Sé que ante el mundo, soy un tipo jartísimo, inmamable, pero lo que pasa es que los viejos octogenarios nos volvemos así: impotables, para la generalidad.
El enfisema es importante traerlo a cuento, porque nos ayuda a entrar en el tema de las adicciones uno de los más graves problemas de la conducta humana. Y me pregunto: ¿Algún día tendremos un mundo sin adictos? Estoy seguro que la conducta humana arreglaría muchos problemas sociales, que no puede corregir, porque la adicción es una enfermedad, como el cáncer, más o menos. Tenemos entonces sobradas razones para hablar del tema si queremos reducir la violencia, empezando porque los adictos dejen de destruir sus familias y sus vidas, y con ello la sociedad. Y destruir tiene que ver con violencia, si la traducimos como la actitud que destruye la vida.
Parecería que hemos cambiado el tema de la conducta, por el de la adicción. Pero no es así. Una sociedad que no toma conciencia de la adicción, es una sociedad que tiene una conducta en mal estado, y mucho más, con tendencia al enfisema, sin neuronas y con sus mujeres en pre-pago.
La razón es muy sencilla, todos esos especímenes a los que nos referimos en el primer párrafo, (el asesino, el secuestrador, etc.), actúan en delincuencia por ósmosis. El medio social de los adictos lo produce y lo reproduce, en unas conductas humanas, donde la ley es letra muerta, y el bien público y el de la comunidad, un hazmerreir, un chiste congresional o una fábula de Pombo. ¿Qué no podemos ir donde las viejas? ¿Qué no podemos tomar trago? ¿Qué es malo drogarse? ¿Qué no podemos pegarle un tirito a no sé quién? ¡Qué jartera! ¡Eso sí ni de fundas, mijito!
Veamos, por Google obtuve este breve texto, alucinante, (sin meter droga), que aclara lo dicho: “La búsqueda y el consumo compulsivo de sustancias psicotrópicas, aunque, de manera más genérica, se aplica también a diversos hábitos (conductas), que son nocivos, pero que resultan gratificantes para el sujeto. Usualmente el término se ha vinculado al consumo de sustancias psicoactivas, pero se ha extendido a otras situaciones que no requieren del consumo de ninguna sustancia, como el juego (ludopatía) o el uso de Internet. El término ha estado sometido a múltiples discusiones a lo largo del siglo XX y XXI, y ha sido objeto de variadas definiciones que reflejan, más bien, el estado de ánimo social y político más que una discusión netamente científica.”
Yo diría, para terminar, que tenemos una conducta laxa, chévere, con la que podemos jugar pingpong. Pero eso conduce a una tipo de sociedad como la que tenemos, en donde la vida carece de plena felicidad, como debería ser, y donde no crece el espíritu. Quizás para simplificar con un ejemplo, porque el adicto piensa en él, en su enfermedad, y se olvida de su familia y de los demás.
La lista de actos negativos que produce esa conducta hoy, los vemos cuando abrimos el periódico. Y claro, nos preocupa un poquito, pero sólo un poquitico, mientras prendemos un cigarrillo ante los hechos criminales, y soplamos, como sacándonos la dolencia espiritual, para cambiarla, por un enfisema en el pulmón. Y lo traigo a cuento, aunque yo no fumo, ni bebo alcohol. Sé que ante el mundo, soy un tipo jartísimo, inmamable, pero lo que pasa es que los viejos octogenarios nos volvemos así: impotables, para la generalidad.
El enfisema es importante traerlo a cuento, porque nos ayuda a entrar en el tema de las adicciones uno de los más graves problemas de la conducta humana. Y me pregunto: ¿Algún día tendremos un mundo sin adictos? Estoy seguro que la conducta humana arreglaría muchos problemas sociales, que no puede corregir, porque la adicción es una enfermedad, como el cáncer, más o menos. Tenemos entonces sobradas razones para hablar del tema si queremos reducir la violencia, empezando porque los adictos dejen de destruir sus familias y sus vidas, y con ello la sociedad. Y destruir tiene que ver con violencia, si la traducimos como la actitud que destruye la vida.
Parecería que hemos cambiado el tema de la conducta, por el de la adicción. Pero no es así. Una sociedad que no toma conciencia de la adicción, es una sociedad que tiene una conducta en mal estado, y mucho más, con tendencia al enfisema, sin neuronas y con sus mujeres en pre-pago.
La razón es muy sencilla, todos esos especímenes a los que nos referimos en el primer párrafo, (el asesino, el secuestrador, etc.), actúan en delincuencia por ósmosis. El medio social de los adictos lo produce y lo reproduce, en unas conductas humanas, donde la ley es letra muerta, y el bien público y el de la comunidad, un hazmerreir, un chiste congresional o una fábula de Pombo. ¿Qué no podemos ir donde las viejas? ¿Qué no podemos tomar trago? ¿Qué es malo drogarse? ¿Qué no podemos pegarle un tirito a no sé quién? ¡Qué jartera! ¡Eso sí ni de fundas, mijito!
Veamos, por Google obtuve este breve texto, alucinante, (sin meter droga), que aclara lo dicho: “La búsqueda y el consumo compulsivo de sustancias psicotrópicas, aunque, de manera más genérica, se aplica también a diversos hábitos (conductas), que son nocivos, pero que resultan gratificantes para el sujeto. Usualmente el término se ha vinculado al consumo de sustancias psicoactivas, pero se ha extendido a otras situaciones que no requieren del consumo de ninguna sustancia, como el juego (ludopatía) o el uso de Internet. El término ha estado sometido a múltiples discusiones a lo largo del siglo XX y XXI, y ha sido objeto de variadas definiciones que reflejan, más bien, el estado de ánimo social y político más que una discusión netamente científica.”
Yo diría, para terminar, que tenemos una conducta laxa, chévere, con la que podemos jugar pingpong. Pero eso conduce a una tipo de sociedad como la que tenemos, en donde la vida carece de plena felicidad, como debería ser, y donde no crece el espíritu. Quizás para simplificar con un ejemplo, porque el adicto piensa en él, en su enfermedad, y se olvida de su familia y de los demás.
sábado, 8 de mayo de 2010
ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 42
Parecería lejana la idea de poder establecer la influencia de los medios masivos de comunicación en la violencia. Sin embargo un simple estudio de datos puede establecer la inmensa responsabilidad que tienen los medios. Veamos, un texto que sobre las últimas noticias del periodismo, trae los siguientes datos y analiza las voces autorizadas que se levantan contra los medios por un lado, y por el otro el impacto que estos hacen, cuando presentan a un dictador como Chávez, por ejemplo, cuando habla con odio. Todos sabemos en Colombia, desde la primera violencia, a mediados del siglo pasado, lo que produjo en los políticos hablar con odio. Cómo el odio produjo el Bogotazo, la confrontación armada entre liberales y conservadores, luego, la aparición de la guerrilla y finalmente el narcotráfico. Y ahora tendremos en el próximo futuro la guerra entre Colombia y Venezuela, para que el loco de Chávez, siga gobernando, ante la indiferencia pasmosa del pueblo venezolano. Y si sumamos todo esto a la pérdida de vidas humanas, llegaríamos probablemente a millones.
El problema es que los grandes periódicos y las cadenas de televisión, fabrican o manipulan la opinión del ochenta por ciento de la población. (Cada vez que habla el loco de Chávez, los medios lo destacan como lo máximo). Dice el libro mencionado que se trata de un sistema penetrante, al que es imposible escapar, llamado el cuarto poder, en un Estado, normado legalmente por las tres ramas del poder.
A propósito, a finales del siglo pasado los Estados Unidos tenían 1.800 periódicos, 11.000 semanarios, 11.000 emisoras de radio, 2.000 emisoras de televisión, 2.500 editoriales. Y todo esto controlado por una veintena de compañías. En donde, es obvio que prima el dinero sobre la violencia. En el caso del narcotráfico, por ejemplo, es imposible hablar de legalizar la droga, para que cada sociedad asuma el problema de sus adictos, porque los bancos se rasgarían las dictaduras, (sepulcros blanqueados), cuando comprendan que se bajarían los dólares al disminuir el consumo.
En Colombia, recientemente, se ha enderezado la lucha del narcotráfico, precisamente contra el consumo, pues se sacrifican billones de pesos en la guerra contra la producción, para nada, porque el consumo aumenta. Es decir, por primera vez se entiende en mi país, que el problema es el consumo. La producción nace porque no hay ningún producto lícito que iguale lo que produce el tráfico de drogas con la coca.
Y los periódicos en Colombia están de espaldas contra este problema del consumo, por un lado. Por el otro, las relaciones internacionales colombianas son indiferentes ante esto. No hay un llamado a los países consumidores para que miren lo que hacen sus adictos. No se habla de entrar en conciencia al respecto. Y se permite que a los colombianos en los aeropuertos se les trate como unos cerdos narcotraficantes, cuando el principal problema es el consumo de los países desarrollados.
Hay dos películas que los colombianos deberíamos promover en el exterior. Una es “María, llena eres de gracia”, que muestra el transporte de la coca en las miasmas de los seres humanos, y la otra, también válida, que se llama “Soñar no cuesta nada”, cuando un batallón de soldados descubre en la selva 42 millones de dólares en una caleta.
Estas cosas pasan y los medios masivos en Colombia omiten lo fundamental de un problema que no es nuestro, sino del mundo. No tienen conciencia de esto. No se ponen la mano en el corazón para escribir la verdad del problema: lo repito y lo seguiré repitiendo hasta el cansancio: el consumo.
El problema es que los grandes periódicos y las cadenas de televisión, fabrican o manipulan la opinión del ochenta por ciento de la población. (Cada vez que habla el loco de Chávez, los medios lo destacan como lo máximo). Dice el libro mencionado que se trata de un sistema penetrante, al que es imposible escapar, llamado el cuarto poder, en un Estado, normado legalmente por las tres ramas del poder.
A propósito, a finales del siglo pasado los Estados Unidos tenían 1.800 periódicos, 11.000 semanarios, 11.000 emisoras de radio, 2.000 emisoras de televisión, 2.500 editoriales. Y todo esto controlado por una veintena de compañías. En donde, es obvio que prima el dinero sobre la violencia. En el caso del narcotráfico, por ejemplo, es imposible hablar de legalizar la droga, para que cada sociedad asuma el problema de sus adictos, porque los bancos se rasgarían las dictaduras, (sepulcros blanqueados), cuando comprendan que se bajarían los dólares al disminuir el consumo.
En Colombia, recientemente, se ha enderezado la lucha del narcotráfico, precisamente contra el consumo, pues se sacrifican billones de pesos en la guerra contra la producción, para nada, porque el consumo aumenta. Es decir, por primera vez se entiende en mi país, que el problema es el consumo. La producción nace porque no hay ningún producto lícito que iguale lo que produce el tráfico de drogas con la coca.
Y los periódicos en Colombia están de espaldas contra este problema del consumo, por un lado. Por el otro, las relaciones internacionales colombianas son indiferentes ante esto. No hay un llamado a los países consumidores para que miren lo que hacen sus adictos. No se habla de entrar en conciencia al respecto. Y se permite que a los colombianos en los aeropuertos se les trate como unos cerdos narcotraficantes, cuando el principal problema es el consumo de los países desarrollados.
Hay dos películas que los colombianos deberíamos promover en el exterior. Una es “María, llena eres de gracia”, que muestra el transporte de la coca en las miasmas de los seres humanos, y la otra, también válida, que se llama “Soñar no cuesta nada”, cuando un batallón de soldados descubre en la selva 42 millones de dólares en una caleta.
Estas cosas pasan y los medios masivos en Colombia omiten lo fundamental de un problema que no es nuestro, sino del mundo. No tienen conciencia de esto. No se ponen la mano en el corazón para escribir la verdad del problema: lo repito y lo seguiré repitiendo hasta el cansancio: el consumo.
jueves, 6 de mayo de 2010
ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 41
Es bien curioso que el hombre no haya desarrollado un estudio profundo sobre la violencia. Los siquiatras están en Babia, y los filósofos en la estratosfera, lejos de la realidad violenta. Sigmund Freud, en su teoría del psicoanálisis, por ejemplo, hace una descripción del interior humano con términos como el ello, el yo y el superyó, y describe el aparato que tiene el hombre, como una estructura particular, con unas funciones que operan como entidades independientes, aunque no estén separadas, y que tienen la particularidad de ser inconscientes. ¡Qué curioso! El asesino no sabe lo que hace. ¡Pobrecito! El deshonesto, se siente trabajando con el erario público como propio. El animal sexual que ha producido 50 enfermedades del sexo, es el verraco de Tebas. El secuestrador bolivariano es el exponente revolucionario de la época, donde Bolívar es un hijo de perra. ¿Y el adicto? ¡Qué tal el adicto! Experto en matar las neuronas, al mismo tiempo con las familias y los sentimientos paternales. Los líderes políticos, con sus clientelas, no sólo volvieron el congreso un centro comercial, sino que los planes sociales se volvieron particulares. El transmilenio en Bogotá, el sitio perfecto para quitar carteras, joyas y cuanto se pueda hurtar. El fútbol, el sitio adecuado para las barras bravas, que son bravísimas, porque si no hay muertes, el partido fue jartísimo. La guerrilla no quiere pasar por la Plaza de Bolívar de Bogotá, pues si lo hiciera, significaría el descalabro de dejar matar… ¡con lo rico que es pegar un tirito! Lo paras, ahí se las van, sólo que aumentan el delito porque se compran a las autoridades. Y las fuerzas armadas, nada menos que con los falsos positivos, que en lengua castiza significan delitos de lesa humanidad cometidos por el Estado. Y el DAS, ¿Qué tal? Involucra al poder ejecutivo como coautor de chuzadas, falsos positivos, asesinatos, y todo cuanto hay de malo en la administración pública. Ya que el DAS depende directamente del poder ejecutivo, una de las tres ramas del Estado. Es fastidioso pensar en esto… pero debemos hacerlo con alguna frecuencia, a ver si con la ayuda de Sigmund Freu logramos, que el ello, el yo y el superyó, vuelvan a brillar en la conciencia ciudadana como funciones conscientes de los seres humanos… dejando la inconsciencia en que viven para llenar de sentido, a lo que gritaba la Loca Margarita, en los albores del siglo XX: ¡Qué viva el gran partido Liberal! Algo que no tiene ningún sentido propio, sino ajeno a la razón, como corresponde a los locos de Sibaté.
miércoles, 28 de abril de 2010
ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 40
Parece curioso que la gente ignore por qué diablos aparece la violencia en los medios masivos de una manera solapada, y en la mayoría de los casos porque el comunicador piensa más en el rating que en impedir la violencia, o bien, la información maligna que conduce en el tiempo a la guerra. Porque estas noticias van acumulando odio o rabia… como lo explicamos más abajo con el martillazo.
Y la explicación es muy sencilla: si yo le doy un martillazo en la cabeza a alguien, eso duele… y ese alguien reproduce la violencia con un martillazo más fuerte y así. Por eso apenas parece lógico, que los periódicos que recogen esas noticias, son los responsables directos de la violencia y obvio, de la guerra.
Le da pábulo a lo violento buscando sintonía y audiencia. Y si fuéramos a ver, lo que le serviría al país, es que el comunicador sea responsable. En cuyo caso, encontraríamos un rechazo a manejar las noticias que provienen de personajes sin sentimientos, que sólo buscan un resultado público y político de mala ley. Es lo que deben pensar los dictadores, cuando todos los periódicos publican sus estupideces, como lo máximo.
El dictador es un cabro no domesticado, es decir, todo un cabrón, como se les llama popularmente, cuando no están domesticados. Y como no están domesticados, se meten donde les da la gana y opinan, como si tuvieran autoridad, porque el cabrón, bueno es decirlo, se cree el divino putas. Y eso le fascina a los medios masivos. El jefe de redacción sufre un colapso admirativo, cuando alguno de sus periodistas, le trae los cuentos del divino putas.
¿Qué tal que no volvieran a publicar nada sobre el personaje?; simplemente pensando en que las noticias, no sólo tienen que ser en lo posible positivas, sino noticias que construyen el ambiente en que vivimos, de paz y respeto por el otro,… es decir, lejos de los martillazos.
Valdría la pena pensar que el congreso legisle al respecto. Si aparece una noticia proveniente de un cabrón, o de un divino putas, que viole la soberanía del pueblo, podrá recibir un castigo, un cierre del periódico o bien una multa cuantiosa, a ver si así, entran en razón y dejan la estupidez de buscar rating con noticias de cabrones y divinos putas.
Y la explicación es muy sencilla: si yo le doy un martillazo en la cabeza a alguien, eso duele… y ese alguien reproduce la violencia con un martillazo más fuerte y así. Por eso apenas parece lógico, que los periódicos que recogen esas noticias, son los responsables directos de la violencia y obvio, de la guerra.
Le da pábulo a lo violento buscando sintonía y audiencia. Y si fuéramos a ver, lo que le serviría al país, es que el comunicador sea responsable. En cuyo caso, encontraríamos un rechazo a manejar las noticias que provienen de personajes sin sentimientos, que sólo buscan un resultado público y político de mala ley. Es lo que deben pensar los dictadores, cuando todos los periódicos publican sus estupideces, como lo máximo.
El dictador es un cabro no domesticado, es decir, todo un cabrón, como se les llama popularmente, cuando no están domesticados. Y como no están domesticados, se meten donde les da la gana y opinan, como si tuvieran autoridad, porque el cabrón, bueno es decirlo, se cree el divino putas. Y eso le fascina a los medios masivos. El jefe de redacción sufre un colapso admirativo, cuando alguno de sus periodistas, le trae los cuentos del divino putas.
¿Qué tal que no volvieran a publicar nada sobre el personaje?; simplemente pensando en que las noticias, no sólo tienen que ser en lo posible positivas, sino noticias que construyen el ambiente en que vivimos, de paz y respeto por el otro,… es decir, lejos de los martillazos.
Valdría la pena pensar que el congreso legisle al respecto. Si aparece una noticia proveniente de un cabrón, o de un divino putas, que viole la soberanía del pueblo, podrá recibir un castigo, un cierre del periódico o bien una multa cuantiosa, a ver si así, entran en razón y dejan la estupidez de buscar rating con noticias de cabrones y divinos putas.
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