miércoles, 28 de abril de 2010

ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 40

Parece curioso que la gente ignore por qué diablos aparece la violencia en los medios masivos de una manera solapada, y en la mayoría de los casos porque el comunicador piensa más en el rating que en impedir la violencia, o bien, la información maligna que conduce en el tiempo a la guerra. Porque estas noticias van acumulando odio o rabia… como lo explicamos más abajo con el martillazo.
Y la explicación es muy sencilla: si yo le doy un martillazo en la cabeza a alguien, eso duele… y ese alguien reproduce la violencia con un martillazo más fuerte y así. Por eso apenas parece lógico, que los periódicos que recogen esas noticias, son los responsables directos de la violencia y obvio, de la guerra.
Le da pábulo a lo violento buscando sintonía y audiencia. Y si fuéramos a ver, lo que le serviría al país, es que el comunicador sea responsable. En cuyo caso, encontraríamos un rechazo a manejar las noticias que provienen de personajes sin sentimientos, que sólo buscan un resultado público y político de mala ley. Es lo que deben pensar los dictadores, cuando todos los periódicos publican sus estupideces, como lo máximo.
El dictador es un cabro no domesticado, es decir, todo un cabrón, como se les llama popularmente, cuando no están domesticados. Y como no están domesticados, se meten donde les da la gana y opinan, como si tuvieran autoridad, porque el cabrón, bueno es decirlo, se cree el divino putas. Y eso le fascina a los medios masivos. El jefe de redacción sufre un colapso admirativo, cuando alguno de sus periodistas, le trae los cuentos del divino putas.
¿Qué tal que no volvieran a publicar nada sobre el personaje?; simplemente pensando en que las noticias, no sólo tienen que ser en lo posible positivas, sino noticias que construyen el ambiente en que vivimos, de paz y respeto por el otro,… es decir, lejos de los martillazos.
Valdría la pena pensar que el congreso legisle al respecto. Si aparece una noticia proveniente de un cabrón, o de un divino putas, que viole la soberanía del pueblo, podrá recibir un castigo, un cierre del periódico o bien una multa cuantiosa, a ver si así, entran en razón y dejan la estupidez de buscar rating con noticias de cabrones y divinos putas.

domingo, 25 de abril de 2010

ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 39

Bueno, este texto parece negativo. Pero no, la que es negativa es la realidad. ¡Qué se va a ser! Uno no se explica claramente cómo es que los seres humanos manejan la política, sin el cuidado y el objetivo que tiene su manejo, que exige antes que nada que este sea honesto. Vivimos en medio de demostraciones de buena fe externa, pero con muchas dudas de que sea interna. En Occidente tenemos la desgracia que no tienen los Orientales: llegar al interior, más allá de la mente, más allá, claro, de lo material, y de la vanidad del ego, para ver el compromiso que significa dirigir a un pueblo, la responsabilidad de hacerlo crecer, y llevarlo a una existencia digna, como se merece, sin violencia.
La política, del griego πολιτικος (pronunciación figurada: politikós, «ciudadano», «civil», «relativo al ordenamiento de la ciudad»), es la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. Esta verdad, se tuerce y se cambia por volver la política en beneficio de una persona o personas. Generalmente, el equipo que rodea al político, con el que trabaja, mira la política como un negocio. Y sólo se mira la plata, y no la gente.
En Colombia, por ejemplo, uno ve el congreso de la república, como un CENTRO COMERCIAL, AL QUE SE LLEGA CON PLATICA, NO PORQUE UNO SEA POLITÓLOGO. Se supone que el congreso se hizo para LEGISLAR solamente. Pero aquí en Colombia se hacen cosas inverosímiles. Más adelante contaré una.
LEGISLAR, (lo copio de Wikipedia), es el proceso orientado ideológicamente hacia la toma de decisiones para la consecución de los objetivos de un país. La ciencia política es una ciencia social que estudia dicha conducta de una forma académica utilizando técnicas de análisis político; los profesionales en esta ciencia adquieren el título de politólogos, mientras quienes desempeñan actividades profesionales a cargo del Estado o se presentan a elecciones se denominan políticos. El término fue ampliamente utilizado en Atenas a partir del siglo V antes de Cristo, en especial gracias a la obra de Aristóteles titulada, precisamente, Política. El mismo Aristóteles definía al ser humano como un animal político. También se define como política a la comunicación dotada de un poder y de una relación de fuerzas.
En Colombia esta relación de fuerzas generalmente es monetaria, o por intereses materiales que nada tienen que ver con los intereses públicos. Por ejemplo, el artículo 16 de la CN del 91, llevó a hacer la famosa dosis mínima legal, (sobre todo para los chinos de los colegios, donde es libre el desarrollo de la personalidad), que afortunadamente actualmente fue penalizada. Es decir, se percataron que el congreso la embarró, porque seguramente estaban haciendo lobby los narcos. Lo honorables congresistas no sabían que el libre desarrollo de la personalidad, (como lo dice la norma del artículo 16), no puede ser libre, sino fundado en valores. Ya que la naturaleza humana no es divina. Tiene muchos defectos. No es sino leer la historia mundial, para conocer al hombre. Tomemos por ejemplo 50 años de violencia en Colombia…. Pensemos que hay gente que secuestra, para quienes la vida humana no es sagrada, sino un botín de plata, o un hecho para promover una ideología violenta. Y claro, eso está EN EL LIBRE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD. En fin… lo ejemplos sobran.
¿Será que al congreso han llegado levantadoras de pesas y de pesos, presentadores de TV, locutores deportivos que cuando aprueban una ley gritan: goooool, etc. ¿Será que saben lo que es una norma? Se legisla con normas, claro está. La ley es una relación de normas. Y una norma es un supuesto de hecho, con un deber ser y una consecuencia. Bueno, el punto es que no han llegado allí en su totalidad los politólogos de verdad… Entiendo que la política es toda una ciencia, de la que depende un Estado… ¿Será que al inscribirse para congresistas, se debe presentar un examen? En conciencia debería ser así… pues la responsabilidad es inmensa… Pero no, las sesiones son una muestra de la irresponsabilidad, son el espejo donde se mira el diablo, y donde también se muere de la risa la guerrilla. Ellos no creen ni en el rejo de las campanas, ni en las campanillas del presidente del congreso. Algo tiene que hacerse al respecto… Que los congresistas asistan armados con un fusil AK47, para invitar a Alfonso Cano y sus compinches, y los que quieran con vasos de agua, como lo haría el doctor Mockus. ¡Sería tal la incongruencia que el congreso terminaría hecho naco! Pero la república quedaría en ciernes de hacer las cosas como toca, es decir legislar sometidos a un deber ser y una consecuencia; La libertad, donde todos tenemos las mismas oportunidades, y la democracia para expresar la verdadera voluntad popular.

jueves, 22 de abril de 2010

ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 38

Si vamos a hablar de violencia, tenemos que estar lejos de ciertos vicios como la xenofobia, el odio, la agresividad, la falta de respeto por el otro, en fin. Lo digo porque para un colombiano es difícil entender al presidente del Ecuador, cuando se rasga las vestiduras y exclama que se ha violado la soberanía ecuatoriana. No analiza los hechos que conmueven a su vecino y hermano, con problemas como el narcotráfico, el paramilitarismo y el terrorismo guerrillero. Todo el mundo sabía que la acción armada no era para violar la soberanía ecuatoriana, menos el señor Correa. Tampoco el presidente ecuatoriano entiende por qué un Estado debe ejercer una acción armada de legítima defensa, contra una organización terrorista que tiene un expediente de 50 años delinquiendo. En esto, el Estado colombiano falló, por no haberle mandado al ecuatoriano el expediente de los delitos durante ese largo tiempo, con copia para el benemérito juez de Sucumbíos. Sería muy interesante que el presidente ecuatoriano, que representa el poder ejecutivo, de una de las tres ramas en su país democrático, tome conciencia de los problemas que vive su vecino y el mundo, porque los puede heredar, y de hecho ya los ha heredado con la presencia de la guerrilla criminal y terrorista en su territorio, pues permitió la existencia del grupo, y produjo la intervención colombiana. Lo normal, no cabe duda, hubiera sido aceptar que el hecho se produjo por la ausencia del Estado ecuatoriano en la frontera. Una voz de agradecimiento por el hecho, hubiera sido lo inteligente, si se reflexiona sobre el contexto mundial del narcotráfico, ya presente en el Ecuador, sabiendo que depende del consumo mundial, fuente de recursos que mantiene el terrorismo, origina la corrupción administrativa, y lleva a los países subdesarrollado, a invertir en la lucha contra la droga, sabiendo que son los adictos los responsables directos, la mayoría de los cuales están en los países desarrollados, y la omisión de esos países consumidores, que son los responsables de no actuar frente a un problema que no lo pueden manejar los países productores.
El señor presidente del Ecuador, aparece entonces como un ser humano que adolece de un conocimiento del contexto mundial en que se mueve el terrorismo y el narcotráfico, desconoce sus orígenes, y le da la espalda a la posibilidad de que su país ingrese a tener guerrilla, paramilitares y narcos. Y se une con Venezuela a la cubanización de América Latina, que restringe la libertad y donde la vida no es sagrada, sino que está a merced del viejo y caduco Fidel.
Estas afirmaciones no están dichas con odio. Sólo es una reflexión, que se hace cuando las personas no piensan con la cabeza, sino con los pies de Chávez.

ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 37

Como hemos venido desarrollando el tema del candidato Antanas Mockus, copio textualmente lo que dice Lina Maria Morales Villalobos, para que ustedes se informen de estos planteamientos. Dice ella:

Cada vez que un uribista me trata de explicar por qué en un país como Colombia no se puede elegir a un presidente como Antanas Mockus, mi admiración por la ola verde aumenta de manera considerable: "Antanas Mockus no me gusta porque es un idealista", me dijo el otro día un agradecido empresario uribista para quien la política eficaz es la pragmática, aquella que da resultados sin importar los métodos que se utilicen. "A mí no me gusta Antanas porque no es un tipo confiable", me confesó hace poco un senador de la coalición uribista, campeón como muchos de sus copartidarios en el arte del voltearepismo, en la compra de votos y en formalizar relaciones non sanctas con la mafia paramilitar. Plumas uribistas tan veteranas y contundentes como la de Plinio Mendoza consideran que Mockus no puede llegar a ser presidente porque es un loquito que pone todos sus huevos en el campo de la educación, de la cultura ciudadana y en el del cumplimiento de la ley -¡háganme el favor, semejante atrevimiento!-, en lugar de ponerlos en la cesta de la guerra contra el terrorismo de las Farc que es lo que toca.
Solo falta que Juan Manuel Santos salga a decir que Mockus es un imbécil porque este no encaja en su definición de lo que debe ser un político en Colombia -"es de imbéciles no cambiar cuando las circunstancias, cambian" fue la frase que sacó del birrete para justificar su laxitud en materia de convicciones políticas-, y lo acuse de ser un coherente irredento o de ser demasiado honesto consigo mismo para cerrar la cuadratura del círculo y convertir la ola verde en todo un tsunami político que podría arrasar con todo el uribismo. Pero no solo el fenómeno Mockus se le ha vuelto inmanejable a la coalición uribista. Tiene a los encuestadores locos al punto de que una firma mandó a repetir la encuesta al ver que Mockus salía punteando y al Polo sudando peto. El otro día oí decir a la vicepresidenta de ese partido, la doctora Clara López Obregón, miembro de una de las familias más representativas del establecimiento político bogotano, que Antanas Mockus pertenecía a las élites y que no tenía ninguna base popular. Evidentemente Mockus no es un fenómeno en los estratos 1 y 2, pero me atrevería a decir que en esas esferas la doctora López Obregón es aún más desconocida que Antanas.

¿Qué es lo que en realidad encarna Mockus que tiene a todos los políticos de derecha y de izquierda de este país pariendo borugos? Yo he terminado por creer que Mockus encarna unos valores éticos y democráticos que se han ido desarticulando en nuestra sociedad, en medio de tanta violencia y de tanto desajuste social. De repente valores como la honestidad, la transparencia, la lealtad, el apego a la legalidad, se convierten en temas de campaña y vuelven a tener un significado importante en la agenda pública del país. Mockus, con su autoridad moral, consigue desplazar por primera vez en ocho años la diatriba uribista tan corta en imaginación como en vocablos. Por momentos uno podría pensar que el país está volviendo a sus cabales y que, a pesar de tantas cosas que le han ocurrido, no ha perdido la cordura, ni la fuerza, ni la esperanza.

Mockus, con su mensaje simple y concreto, no solo encarna un decálogo de virtudes éticas que son una rareza en estos tiempos. También encarna a una sociedad hastiada de muchas cosas: de las Farc y de su desdén por la vida humana, pero también de los insaciables políticos corruptos, sean de izquierda, de centro o de derecha; de las alianzas que la clase política ha ido fraguando con la mafia paramilitar concebidas en mala hora con el propósito de capturar los dineros del erario en sus regiones, y de los excesos cometidos en estos ocho años de gobierno de Uribe en nombre de la seguridad democrática, de las equivocaciones del Polo y del desgaste del Partido Liberal.

El ascenso de Mockus en las encuestas, así no lo crean los uribistas, demuestra que esta sociedad repudia hasta los tuétanos los 'falsos positivos', que no se olvida de la Yidispolítica, y que repudia la forma como el gobierno Uribe utilizó el DAS para perseguir y amenazar a los opositores, a los periodistas críticos y a los magistrados de la Corte que investigan la parapolítica. Con Mockus arriba en las encuestas, se le está diciendo a la clase política que se aferra siempre al poder, que para ser político en Colombia no solo se necesita ser un avión, sino ser decente, honesto y leal con sus convicciones.

Yo no sé si Mockus va a ser el próximo Presidente de este país. Tampoco si es de izquierda, como dicen los uribistas, o si es de derecha, como lo afirma el Polo. De lo que sí estoy segura es que es la mejor carta para enfrentar a la clase política tradicional y corrupta que ha gobernado este país. Y a mí eso me basta, así a los uribistas les parezca un imbécil.



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martes, 20 de abril de 2010

Entrada de Google Sidewiki de Ernesto

El estudio de la violencia y por qué se genera, está en pañales en el mundo. Se sabe que la violencia genera más violencia y no resuelve nada. Estamos cansados en Colombia con el tema. Lo sufrimos a diario, y sabemos que el mundo no vuelve la espalda. Pero lo verdaderos generadores de la violencia, como el narcotráfico, en Colombia y en Méxio, son generados en los países consumidores que no hacen nada al respectro. No sólo se afectan sus nacionales con la adicción, sino que contribuyen al terrorismo en las países productores, donde la violencia vive del narcotráfico. ¿Será que entienden? Por favor.

con referencia a: Roonic.com - con esta barra puedes buscar y escuchar cientos de radios online. (ver en Google Sidewiki)

lunes, 19 de abril de 2010

ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 36

Claudia de RCN (no sé cómo se escribe bien Gurisatti), entrevistó a Antanas Mockus, y en la mitad de la entrevista, le preguntó que si él haría acuerdo humanitario, o canje de secuestrados por guerrilleros presos, y Mockus respondió:
“Yo creo que liberaciones unilaterales podrían darse, por parte de las FARC. No conozco bien en detalle cómo sería. Pero un canje, ni de fundas. Un canje generaría el mismo ciclo siempre, y sería aprobar que los métodos de la subversión y la delincuencia común, son efectivos. Y uno lo primero que tiene que hacer frente a fenómenos como el terrorismo, es demostrar que la sociedad no cede ante el problema.” Y no cede, digo yo, Ernesto Iregui, porque no puede ceder ningún colombiano en el país, incluida, con todo respeto doña Yolanda Pulecio, que afortunadamente tiene ahora a su hija en París. (O si no: ¿quién la aguantaría? ¡Pobre Uribe!).
“Pero perdóneme la expresión, (dice Mockus), no soy tan estúpido en comprometerme a hacer, y ni siquiera dejar expectativas en esas direcciones. Las estrategias en este terreno, en la mayoría de los países, permanecen reservadas, y es muy curioso que en la sociedad colombiana, en plena campaña electoral, estemos ventilando las estrategias frente a las FARC. Yo creo que a las FARC les interesa que hablemos de ellos cuando hacen las liberaciones, como si fuera una promoción legal, dentro y fuera del país. Esas escenas de la liberaciones, con los helicópteros y toda Colombia mirando el encuentro del secuestrados con su familia… ¡ya no más! No dejemos que eso vuelva a suceder.” Digo yo, Ernesto Iregui, que sólo pasa en un país que no tiene dignidad alguna, frente a permitir que un delito de lesa humanidad, el secuestro, se utilice como arma política y de promoción de una guerrilla sin sentimientos, sin moral, sin ética, que parece un monstruo extraterreno.
“La Cruz Roja debe hacer sus operaciones discretamente, sin el espectáculo,.. “, dice Mockus, con mucha razón, y más adelante agrega: “El Estado no puede actuar como un familiar que diga: con tal de rescatar al ser querido, puedo hacer toda clase concesiones, y sobre todo estimular el uso del secuestro como arma política. Le corresponde al Estado cortar la cadena del secuestro, y eso implica heroísmo y una firmeza, a pesar de lo doloroso que es.”
Entonces, con Mockus: ¡no más secuestro! ¡Y ya! El país se cansó, y ya es suficiente. Es increíble que la guerrilla no lo entienda. Haciendo un análisis sencillo, aparece Alfonso Cano, como un ser de otro planeta que llegó a este sin sentimientos. Ni el secuestrado ni la familia importan un carajo, dirá para sus adentros. Es posible que él no lo haya dicho… pero los hechos lo reconfirman. O es que pasar 12 años con una cadena al cuello, viviendo, (no en la carrera 7 con calle Novena, como lo pueden creer en el exterior), sino en las coordenadas que señalan ese sitio inexpugnable de la selva amazónica, donde Cano cree que se encuentran las hermosas playas de Santa Marta, en Colombia. ¡No más secuestro! Y eso tiene que decirlo todo el país, inclusive las familias de los secuestrados, porque hay valores que están por encima de la vida del ser humano, y de la propia Constitución del país. La vida es sagrada, y nadie, ni Cano, pueden jugar con ella.

domingo, 18 de abril de 2010

ENCUENTRO CON LA VIOLENCIA 35

Copio el siguiente análisis del profesor de la javeriana. Oscar Hernández Salgar, Músico y Administrador Cultural. Magíster en Estudios Culturales. Director del Departamento de Música de la Universidad Javeriana. (Parece que los jesuitas están poniéndose verdes…)

Lo que Colombia merece, lo que nosotros merecemos: Ante la descarada omisión que los medios están haciendo de las propuestas programáticas de los candidatos presidenciales, cada vez es más necesario que los ciudadanos nos tomemos el trabajo de utilizar los medios a nuestro alcance para llevar la discusión a niveles más profundos. El debate de la semana pasada mostró un alto grado de trivialización del escenario político. Los medios están contribuyendo a menospreciar la capacidad de comprensión del colombiano promedio y sólo hacen ecos de programas de gobierno que se resuman en dos o tres palabras. Cuando alguien expone un concepto que va más allá de las consignas obvias, dicen que es confuso y que no tiene claridad. Por eso es importante mostrar las propuestas de la forma más clara posible y tomarse el espacio necesario para destruir los mitos que se han ido creando alrededor de figuras como Mockus, a quien como no le pueden achacar ninguna relación con intereses oscuros (como a otros candidatos), le han terminado endilgando una pretendida debilidad de carácter acompañada de confusión de criterios.
Vamos por partes. Juan Manuel Santos, que quiere mostrarse como el sucesor de Uribe, exhibe la bandera de la mano dura basado en su gestión como Ministro de Defensa. Desde esa posición elabora un discurso parecido al que impuso George Bush sobre el terrorismo hace ya varios años: “quien no está conmigo está contra mí”. La versión reeditada para la campaña es: “quien no usa un lenguaje agresivo exclusivamente dirigido a las FARC, es un blandengue que se va a doblegar ante las exigencias del
terrorismo”. Además de convertir a la seguridad democrática en una marca registrada, cuando se supone que es un deber de cualquier gobierno civilizado, esto conlleva el supuesto de que si alguien señala la necesidad de acabar con otras fuentes de violencia (violencia doméstica o corrupción, por ejemplo), es porque se está haciendo el de la vista gorda ante el terrorismo de las FARC y va a echar al piso la seguridad democrática. Estos razonamientos son simplemente inaceptables, pero terminan siendo parte del sentido común de la mayoría de la población porque han venido siendo presentados en los medios con la misma persistencia irracional de cualquier emisora que quiere “pegar” una canción. Uribe se ha encargado durante los
últimos ocho años de dejar muy en claro que en este país el terrorismo se llama la FARC y que todos los males son culpa del terrorismo. A cualquier persona sensata esto le parecería una simplificación excesiva de la realidad compleja de un país como Colombia, pero la aceptación que tienen estas tesis es una evidencia de que la gente no quiere enredarse y busca cosas simples. La postura de Mockus es mucho más coherente y pertinente, pero no por eso es menos clara o menos sencilla. Lo que pasa es que en el estado actual de cosas, dicha propuesta requiere de una pequeña explicación para ser entendida (explicación que no tiene cabida en nuestros debates estilo reinado de Cartagena).
Aquí va la explicación. El narcotráfico ha potenciado en Colombia una cultura en la que es justificable salirse de la ley (por ejemplo usando la violencia) para adquirir poder. Esa cultura es algo que tienen en común, por citar unos ejemplos, los guerrilleros de las FARC, los rastrojos, los políticos del PIN, y algunos niños que desde las comunas de Medellín aspiran a ser otro Pablo Escobar, otro Chupeta, otro Don Berna. Pero la cultura del narcotráfico no se ha limitado a los círculos cercanos de los narcotraficantes. La cultura mafiosa ha terminado haciendo cada vez más débiles los límites morales, legales y culturales de grandes sectores de la población. A muchos no les parece grave evadir uno que otro impuesto de vez en cuando, o saltarse la letra pequeña cada cierto tiempo - “¡Pero si yo no le hago daño a nadie. El estado no siente!”-. Estamos más acostumbrados que otras sociedades a darnos permisos, a forzar los límites y a usar atajos para “facilitar las cosas”. No es que todo esto sea un fruto del narcotráfico, pero nadie puede desconocer que el narcotráfico ha logrado sacar lo peor de muchos colombianos. Y una de esas peores cosas es la cultura de la trampa y el atajo. Así, en la propuesta de Mockus se pueden identificar dos premisas esenciales. En primer lugar, el país tiene un problema cultural que no se puede achacar a un solo actor de forma exclusiva. Para ponerlo en otros términos, la seguridad democrática sería como la medicina alopática o convencional que ataca los síntomas las FARC, sin preocuparse por las relaciones sistémicas que hay detrás de esos síntomas. La propuesta de Mockus sería en cambio como la de la medicina bioenergética: tratar el sistema para que desaparezcan los síntomas. Intervenir directamente la cultura y crear un cambio de mentalidad para que no sea aceptable, bajo ninguna circunstancia, la violación de algunos principios básicos, como el respeto a la vida y el respeto a los recursos públicos. A esto se refiere Mockus cuando propone crear tabúes de manera que robar o matar sea igual de feo que pegarle a la mamá.
En segundo lugar, y yendo más adentro en la naturaleza del problema, tenemos un tremendo divorcio entre la cultura, la ley y la moral. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir sencillamente que lo legal nos parece jartísimo, lo que nos atrae y nos entusiasma suele ser ilegal y el hecho de saltarnos la ley no nos provoca remordimientos. Así de sencillo. Por eso es frecuente oír por ahí que tenemos una legislación para un país como Suecia. Nosotros mismos no aceptamos que una legislación progresista sea para Colombia porque reconocemos que nuestra cultura menosprecia el valor de la ley. Y lo más grave: no nos importa. Porque, como en todo estereotipo, esto tiene un lado bueno que es el famoso mito de la malicia indígena. Los colombianos nos las damos de vivos, de maliciosos, de astutos, y nos burlamos de los canadienses, los gringos y los austríacos porque nos parecen excesivamente ñoños. No hay que ser demasiado vivo para darse cuenta que es esa misma viveza la que nos lleva a pasar por encima de la ley sin que se nos mueva un pelo. Y es esa cultura de la trampa (la malicia indígena no es más que un eufemismo), la que ha sido alimentada por la ambición que trae el narcotráfico y que nos tiene metidos en una espiral de violencia que lleva más de medio siglo.
Ahora bien, ¿cómo se crea un cambio de mentalidad tan grande como para cerrar la brecha entre nuestra cultura y nuestra ley? Lo más interesante es que Mockus es precisamente el único dirigente político en el país que ha logrado cambios de este tipo desde una posición de gobierno. Voy a mencionar dos ejemplos muy sencillos: En la década de los ochenta era imposible ver a alguien en Bogotá manejando con cinturón de seguridad. Al finalizar la primera alcaldía de Mockus todo el mundo había desarrollado el instinto de ponerse el cinturón antes de arrancar. De igual manera, a principios de los noventa los peatones debían cruzar la calle entre los carros porque no existían cebras y mucho menos existía la conciencia de respetarlas. Hoy en día el conductor que queda atravesado en una cebra por un cambio de semáforo siente inmediatamente la presión de estar haciendo algo mal. Estos cambios no se lograron únicamente con mimos o con tarjetas rojas. Pero tampoco se debieron exclusivamente a las multas. Estos cambios se dieron gracias a la combinación de diferentes elementos. ¿Cuáles elementos? Pues precisamente los que permiten acercar la ley a la cultura y éstas dos a la moral. La multa funciona como una sanción legal, pero si no va acompañada de una presión social, el multado
termina buscando la forma de evadirla y no llega a sentir culpa. El mimo funciona como el símbolo de una sanción social, pero si no va acompañado de una multa, no genera la fuerza suficiente para convertir el comportamiento en hábito. Por eso la estrategia se puede resumir así: combinar presiones legales con presiones sociales, en la misma dirección, para producir remordimientos y culpas por los actos
ilegales. Por esa vía se lograron cambios importantes y duraderos en Bogotá que hoy a muchos nos siguen enorgulleciendo.
La pregunta es: ¿puede usarse el mismo razonamiento para resolver los problemas de Colombia? La apuesta es que sí se puede. De hecho es una apuesta que apunta a una mano dura, más dura que la del uribismo más recalcitrante. Por una sencilla razón: la mano dura de Uribe-Santos está dirigida a erradicar militarmente a la FARC. La mano dura de Mockus en cambio está dirigida a atacar jurídica, social y
militarmente cualquier tipo de ilegalidad. Y sabemos que la tolerancia a la ilegalidad está detrás de todos los problemas del país. Desde la corrupción hasta el desempleo pasando por la crisis de la salud y el narcotráfico. El enemigo no es la izquierda o la derecha. El enemigo no es el que piensa distinto o el que se niega a darme la razón. El enemigo es la ilegalidad, en todas sus formas. Necesitamos que Colombia sea un país legal.
No es fácil, pero se puede. Se necesita una revolución cultural. Para esta revolución se necesita un mandato claro. Por eso es importante que Mockus gane no raspando, sino con muchos, muchos votos. No estamos pensando en ganar la campaña, sino en emprender la tarea gigantesca de cambiar a Colombia para convertirla en un mejor país. Si estas ideas le parecen convincentes, por favor vote por Mockus el 30 de mayo. Si le sigue pareciendo muy complicado y necesita algo más simple, puede seguir siendo uribista, conservador o mamerto. Pero no diga que no se lo advertimos.

Cordial saludo de Mario Hernando Sandino S.
Celular 316 357 7985